Menciones Honoríficas de la

Coordinadora de Disminuidos Físicos

de Valencia

 

12 de diciembre de 2000

  

LLADRÓ: HISTORIA DE TRES VOLUNTADES

Lladró nace bajo las características de un pequeño taller artesano a mediados de la década de los cincuenta en Almácera, pequeño pueblo rural próximo a la ciudad de Valencia. Sus fundadores son Juan, José y Vicente Lladró, tres hermanos hijos de labradores valencianos que desde muy jóvenes mostraron su indudable talento para la creación artística.

En un principio, la producción se limitó a adaptar estilos de épocas pasadas, pero muy pronto la creatividad de un equipo bien avenido dio lugar a las primeras manifestaciones de lo que se convertiría en la impronta estilística de Lladró, en su reconocible sello personal. Desde la primera figura, que representa a una bailarina sustentada sobre la punta de un solo pie, hasta "Triste Arlequín", pieza clave en la evolución artística de Lladró, hay todo un camino que va desde lo que pudiéramos llamar "naturalismo clásico", tradicional y académico, hasta un "naturalismo moderno", que incorpora reminiscencias de un cierto neorromanticismo sentimental de indudables raíces populares. A partir de esa combinación se desarrolla una obra de características muy singulares y de una indiscutible aceptación.

El salto del diminuto taller en el domicilio paterno de Almácera a una nave ubicada en la vecina población de Tavernes Blanques se produce en 1958. Los sesenta fueron años de decidido impulso en el desarrollo de la empresa, y durante las dos décadas posteriores, la imparable implantación de Lladró en los mercados exteriores beneficiaría su rápido crecimiento. Hoy, con una plantilla en torno a los dos mil empleados, Lladró distribuye sus creaciones desde La Ciudad de la Porcelana, lugar donde nacen las figuras, a más de cien países de los cinco continentes.

Desde 1955, año en que se inauguró el primer establecimiento en Valencia, Lladró ha ido ampliando su red de tiendas propias situadas en los principales centros comerciales del mundo. Valencia, Madrid, Londres, Nueva York, Beverly Hills, Singapur, Hong Kong, Las Vegas, Sydney... los Centros Lladró constituyen el principal escaparate de las creaciones realizadas por los artistas de La Ciudad de la Porcelana.

Dos hitos especialmente significativos en el proceso de internacionalización de Lladró han sido las inauguraciones de los Centros de Nueva York, en 1988, y de Beverly Hills, en 1997. El primero ocupa todo un edificio en la calle 57 de Manhattan, y alberga un museo con la mayor colección de piezas Lladró del mundo, que incluye numerosas creaciones realizadas durante los primeros años de actividad de los hermanos. Por su parte, el Centro de Beverly Hills es un edificio singular de 2.300 m2 de superficie, situado en el 408 de Rodeo Drive, quizá la calle comercial más famosa y prestigiosa del mundo.

En la actualidad, otros importantes museos incluyen entre sus fondos permanentes algunas de las más destacadas figuras Lladró. Entre ellos cabe citar el Museo Internacional de Cerámica González Martí de Valencia, el Museo del Cincuentenario de Bruselas, el Museo Internacional de Cerámica de Faenza (Italia), el Hermitage de San Petersburgo, el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo y la Casa-Museo Gaudí de Barcelona.

En cinco décadas, Lladró ha pasado de ser la aventura ilusionada de tres hermanos de humilde familia, a ser la gran empresa conocida por todos. Es un hecho que no puede dejar de provocar admiración, pero su mérito principal no es cuantitativo, sino cualitativo: reside en haber sabido crear una obra capaz de ser acogida con cariño en los hogares de todo el mundo.

 

LLADRÓ: IMPLICACIÓN SOCIAL

La Empresa Lladró estimó en su momento que podía ser cauce para que, aquellas personas que sufrieran algún tipo de discapacidad, pudieran integrarse en la sociedad. Se consideró que, mediante una formación profesional adecuada todas las personas eran válidas.

A principios de la década de los sesenta, se formó un grupo de personas discapacitadas en sus propias escuelas de formación. Seguidamente fueron integradas en los talleres de cerámica con resultados realmente sorprendentes. No solo cumplieron con las perspectivas planteadas sino que, incluso, las superaron. Nos cabe la satisfacción de poner como ejemplo a aquellas personas discapacitadas que, con tesón, respondieron y no nos defraudaron. Su disposición en el trabajo sirvió de ejemplo al resto de nuestra plantilla.

Los aspectos sociales no quedaron solo en la vertiente laboral. Cuando hablar de deporte practicado por personas discapacitadas era cuestión puramente romantica, la Empresa Lladró, atendiendo la petición de este valeroso grupo, formo un equipo de baloncesto en silla de ruedas. ¡Cuantos momentos de satisfacción hemos tenido viendolos jugar!

Ahora, desde la perspectiva del tiempo transcurrido. Cuando incluso algunos de aquellos trabajadores ya se han jubilado, recordamos con añoranza aquellos tiempos vividos y los tenemos entre nuestros más gratos recuerdos.

 

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